vivir mejor.
En su cumpleaños, Lucía encontró a Mateo con un delantal manchado y una tarta torcida. Había reservado la tarde para ella.
Sobre la mesa había una tarjeta.
«No puedo devolverte los cumpleaños que pasaste sola. Solo puedo estar en este y esforzarme por no faltar a los que vengan».
Lucía la leyó 2 veces. Luego miró a Mateo, que observaba preocupado una esquina quemada de la tarta.
—Está horrible —admitió él.
—Es la mejor que me has hecho.
—Es la primera.
—Por eso.
Cenaron entre risas. Cuando el