Entré en el hospital para saber si estaba embarazada y terminé en brazos del médico que había dejado hacía 32 días. Cuando mi padre se enteró, exigió: «Vas a casarte con mi hija antes de que esto se sepa». Me negué a obedecerlo. Entonces mi exnovio me mostró un mensaje que revelaba quién había provocado nuestra separación

bebé se movió bajo la mano de Mateo, él se quedó inmóvil. Acercó el rostro al vientre y murmuró un saludo, emocionado.

Meses después, una madrugada lluviosa, nació Alba. Mateo había organizado sus permisos para estar presente como padre. Al sostenerla, miró a Lucía llorando.

—Pensé que lo más difícil sería aprender a cuidarla —confesó.

—¿Y ahora?

—Ahora creo que lo más difícil será recordar, cada día, que quereros también significa estar aquí.

No hubo boda improvisada. Seguían discutiendo por el lavavajillas, pero construían su hogar sin convertir a Alba