prometía que al año siguiente por fin vendría a nadar conmigo. Pero siempre encontraba una excusa para posponerlo.
Su voz comenzó a temblar.
—Cuando enfermó, me dijo algo que jamás he olvidado. Me dijo: «George, pasé tanto tiempo preocupándome por lo que los demás pensaban de mi cuerpo que me olvidé de vivir».
Me quedé mirando la fotografía sin decir nada.
De repente, mi abuelo cogió el teléfono.
—Hay otra cosa que quiero enseñarte.
En la pantalla apareció un vídeo en el que yo tenía unos seis años.
Corría alrededor