arriba abajo.
—¿A dónde vas?
—A terminar una conversación.
Él miró el vestido y sonrió con desprecio.
—No hagas el ridículo, Elena. La lista de la Gala Áurea no es una cena de empresa.
—Lo sé.
—Y no se entra porque te apetezca.
—También lo sé.
Adrián alargó la mano hacia el sobre negro que asomaba del bolso.
—¿Qué es eso?
Elena dio un paso atrás.
—Algo que llegó a mi nombre.
Él frunció el ceño, pero el móvil vibró. Clara lo esperaba. Adrián recuperó su seguridad.
—Cuando vuelva, quiero