preguntándote quién ocupa un lugar que nunca quisiste darme.
Su expresión cambió.
—¿Qué significa eso?
Lo miré.
—Que terminamos.
Daniel permaneció en silencio.
Después frunció el ceño como si yo acabara de decir algo absurdo.
—¿Por una muñeca?
Sonreí.
—No.
Abrí la puerta.
—Por todo lo que esa muñeca me ayudó finalmente a ver.
Parte 2
Daniel no se movió.
Seguía de pie en mitad del salón con las llaves en la mano.
—Elena.
—Sí.
—No hagas esto.
—Ya está hecho.
—¿Qué exactamente?
Me miró con una mezcla de confusión