Mi novio dijo que mi muñeca era tó-xi-ca para su coche… pero durante años protegió la que le regaló otra mujer

me había mencionado nunca.

Y entonces comprendí algo.

La muñeca del coche no era una decoración.

Era un asiento reservado.

Uno que había estado ocupado mucho antes de que yo llegara.

Y por primera vez desde que empezamos a salir, no sentí celos.

Solo cansancio.

Guardé mi Twinkle Twinkle en una caja.

Cancelé la reserva de Islandia que yo misma había pagado por adelantado.

Y esa noche, cuando Daniel llegó a casa y preguntó:

—¿Por qué no contestabas?

Le devolví la llave de su apartamento.

—Porque ya no quiero seguir