Mi novio dijo que mi muñeca era tó-xi-ca para su coche… pero durante años protegió la que le regaló otra mujer

tenía trece años.

Una infección.

Tratamientos tardíos.

Recuperé bastante, pero nunca al cien por ciento.

Mi madre se culpaba.

Porque cuando le dije que me dolía, pensó que era un resfriado.

Esperó.

Cuando finalmente fuimos al hospital, el daño ya estaba hecho.

Desde entonces cargó una culpa que nunca admitía directamente.

Y esa culpa se convirtió en miedo.

Miedo de que otros me vieran defectuosa.

Miedo de que nadie quisiera casarse conmigo.

Miedo de que una mujer con un oído imperfecto tuviera que pedir menos.

Cuando Daniel apareció después de