Mi novio dijo que mi muñeca era tó-xi-ca para su coche… pero durante años protegió la que le regaló otra mujer

que me eligiera.

Mi madre asintió lentamente.

—Entonces no vuelvas.

Fue la primera vez que alguien cercano me dio permiso.

Y quizá por eso entendí que ya no necesitaba ninguno.

Daniel apareció esa tarde.

Mi madre abrió la puerta.

—Señora Chen.

—Daniel.

Llevaba flores.

Un gesto correcto.

Como casi todo lo que hacía.

—Quiero hablar con Elena.

Mi madre dudó.

Antes habría dicho:

“Claro, pasa.”

Esta vez preguntó:

—¿Ella quiere hablar contigo?

Daniel se quedó sorprendido.

Yo estaba en el pasillo.

—Cinco minutos.

Entró.

Las flores permanecieron en su mano.