—No hace falta.
—Para mí sí.
Esperé.
—Se la regalé hace siete años.
—Lo sé.
—Cuando estábamos juntos.
—También.
—Terminamos porque yo me fui a Canadá.
—Bien.
—Él quería que me quedara.
Eso no lo sabía.
—Yo no quise.
Asentí.
—Después seguimos hablando durante un tiempo.
—¿Mientras estaba conmigo?
—No al principio.
Mi expresión cambió.
Ella aclaró:
—Durante los primeros dos años no hablábamos casi nada.
—¿Y luego?
—Mi padre enfermó.
—Daniel se enteró.
—Empezó a ayudarme con médicos, contactos…
Ahí estaba.
Daniel solucionando.
Daniel siendo necesario.
—¿Volvieron a tener