Mi novio dijo que mi muñeca era tó-xi-ca para su coche… pero durante años protegió la que le regaló otra mujer

Eso pareció sorprenderla.

Finalmente acepté un café.

Natalia era distinta de cómo la había imaginado.

No especialmente seductora.

No fría.

No arrogante.

Una mujer normal.

Eso siempre resulta incómodo cuando llevas tiempo convirtiendo a alguien en símbolo.

—Sé que terminasteis —dijo.

—Sí.

—Daniel me culpó.

—Ese es problema suyo.

Me miró.

—No fue literalmente.

—Ya sé.

—Pero dejó de responderme.

—También problema suyo.

Natalia sonrió ligeramente.

—Me caes mejor de lo que esperaba.

—No estoy aquí para caer bien.

—Justo por eso.

Tomó café.

—Quería explicarte lo de la muñeca.