—Eso no es lo mismo.
—Para mí sí.
Me reí.
—Pero ¿sabes qué hago?
—¿Qué?
—Los cierro.
—¿Y?
—Tú me preguntas otra vez.
Se encogió de hombros.
—Las personas vienen con pequeñas molestias.
—La clave es saber cuáles puedes vivir sin resentimiento.
Aquella respuesta me gustó mucho más que un:
“No me molesta nunca.”
Porque era verdad.
El amor no significa no incomodarse.
Significa no hacer sentir al otro culpable por existir.
Muchos años después vendí mi primer coche.
Antes de entregarlo saqué la Twinkle Twinkle.
Ya estaba algo decolorada.