si algún día lo perdonaré.
Tampoco sé si seré capaz de reconstruir la relación con mi madre.
Pero ya no me siento culpable.
Hoy tengo treinta y tres años.
Tengo mi propia casa, un trabajo y personas que me quieren.
Y sobre la cómoda del salón hay una fotografía de la boda de Daniel.
En ella aparecemos juntos.
Sonriendo.
Después de veinte años de separación.
A veces miro esa fotografía y recuerdo a una niña de trece años que estaba de pie junto a una carretera rural.
Lloraba mientras abrazaba