un osito de peluche, y el coche de sus padres desaparecía detrás de una curva.
Durante muchos años quise retroceder en el tiempo y preguntarle a mi padre por qué no me quería.
Hoy, si pudiera regresar a aquel momento, no correría detrás de su coche.
Me acercaría a aquella niña.
La abrigaría con una chaqueta.
La tomaría de la mano.
Y le diría algo que entonces nadie tuvo el valor de decirle.
«No te abandonaron porque no merecieras ser amada.
Te abandonaron personas que tenían más miedo de la