mí.
Entonces se acercó Daniel.
Me abrazó con tanta fuerza que parecía estar intentando recuperar los veinte años perdidos.
—Pensé que nunca volvería a verte —susurró.
—Yo también.
Después de unos instantes, se apartó un poco y señaló a una mujer que estaba junto al altar.
—Ven. Quiero presentarte a alguien importante.
Su prometida sonrió entre lágrimas.
—Emily, he oído hablar muchísimo de ti.
Me estrechó la mano.
—Daniel me contó que, cuando era pequeño, siempre lo protegías durante las tormentas porque tenía miedo de los truenos.
Me reí entre