cerró la puerta.
Alejandro quedó solo.
Durante la siguiente hora llamó a su madre, a dos amigos y a un abogado que conocía de la universidad.
Nadie le dio la respuesta que esperaba.
El abogado fue directo.
—Si existe una grabación del ataque, un informe médico, mensajes sobre transferencias no autorizadas y un documento con firma falsificada, estás en serios problemas.
—Ella es mi esposa.
—Eso no te protege.
—El dinero se quedó dentro de la familia.
—Eso tampoco te protege.
—Puedo decir que ella me autorizó verbalmente.
—Los mensajes