Mi hija me llamó desde la universidad llorando: ‘Mamá, necesito unakara cirugía de corazón urgente’. Conduje 4 horas pensando que podía perderla. Pero cuando llegué, tenía toda la cara vendada y una cuenta de 420,000 pesos esperándome. El médico me recibió sonriendo: ‘Qué valiente fue su familia al aceptar esto’. Yo dejé de sacar la tarjeta.

Daniela le escribió a Mauricio.

Le pidió verlo en la sala del hotel.

Yo me senté a unos metros.

No quería intervenir.

Mauricio llegó con una sudadera gris y una bolsa con chocolates.

Intentó besarla.

Daniela giró el rostro.

Luego puso el teléfono sobre la mesa.

“¿Por qué te burlaste de mí?”

Mauricio vio las capturas.

Su cara cambió.

“¿Quién te mandó eso?”

“Respóndeme.”

Suspiró.

“Daniela, eran bromas estúpidas.”

“Sobre mi cara.”

“Todo el mundo estaba haciendo bromas.”

“¿Entonces decidiste hacerlas tú también?”

“No quería convertirme en el siguiente blanco.”