de la historia. Sentí vergüenza de todas las veces que yo mismo había pasado junto a personas en dificultades sin preguntarme qué historia había detrás.
—No puedo hablar por otras personas —le dije—. Pero sí puedo hablar por mí. Y quiero conocer a tu mamá.
Mariana dudó.
Finalmente aceptó.
Durante el trayecto, las dos niñas se sentaron atrás.
Yo apenas tuve que hablar.
Sofía empezó a preguntarle a Mariana sobre libros.
Mariana le preguntó qué estaba estudiando.
Hablaron de animales, planetas, números y acertijos.
Miré varias veces por el espejo.