Capitán y Brisa estaban juntos bajo la encina.
El sol bajaba despacio, pintando la tierra de naranja.
—Ramón —dijo Isabel—, ¿te acuerdas de la primera frase del cartel?
—Claro.
—Besos de caballo, cincuenta céntimos.
Sonrió.
—Hoy una niña dejó una nota en la caja.
Me la dio.
Era una hoja doblada, escrita con letra grande y torpe.
Decía:
“Gracias, Capitán. Mi abuela estaba triste y hoy sonrió.”
Tuve que leerla dos veces.
Porque a veces una frase sencilla pesa más que un libro entero.
Isabel miró hacia el caballo.
—Nico