El niño que vendía besos de caballo para no dejar sola a su madre

aquel lugar donde una lata vacía nos había dado una lección.

Y pensé en todas las cosas que la gente deja tiradas sin saberlo.

Una silla vieja.

Una foto rota.

Un juguete sin pilas.

Una vida ajena.

Una madre sola.

Un niño con miedo.

Pero también pensé en lo contrario.

En las cosas que se pueden recoger.

Una mirada.

Una mano.

Una promesa.

Un caballo viejo.

Una mujer que vuelve a sonreír.

Desde entonces, cuando alguien me pregunta por qué sigo parándome a hablar con desconocidos en la calle, siempre