de romperme.
—Por favor.
Respiró despacio.
—Cáncer.
Una sola palabra.
Y de pronto ya no existían mi trabajo, mi proyecto ni aquella acusación vergonzosa.
—¿Dónde?
—Colon.
—¿Desde cuándo?
Tardó demasiado en responder.
—Me lo diagnosticaron hace casi un año.
Me quedé helada.
Un año.
—Pero tú llegaste aquí hace seis meses.
Mamá sonrió con una tristeza que jamás olvidaré.
—Por eso vine.
—¿Qué quieres decir?
Miró hacia la cuna de viaje que todavía estaba en su habitación.
—Cuando me llamaste llorando porque no encontrabas quién cuidara a Sofía… yo ya