Mi hija intentaba meter un bloque cuadrado en un espacio redondo y comenzaba a frustrarse.
—Perdonar no significa fingir que algo no pasó —dijo mamá—. Pero tampoco quiero usar el tiempo que tengo para castigarte.
El tiempo que tengo.
Ya había aprendido a no pedirle que dejara de decirlo.
—Entonces déjame cuidarte.
—Ya lo haces.
—No para pagar una deuda.
—Lo sé.
—Como hija.
Esta vez sonrió.
—Eso era lo único que necesitaba.
Los meses siguientes fueron dolorosos.
Pero también fueron algunos de los meses más importantes de mi vida.