por el que había trabajado casi dos años.
Mi jefe me dijo:
—Laura, oportunidades así no se presentan dos veces.
Pensé en mamá susurrándose frente a una cámara que debía aguantar hasta que terminara mi proyecto.
Y respondí:
—Mi vida tampoco.
Diego y yo fuimos a terapia.
Sofía siguió creciendo.
En nuestra casa establecimos una regla que suena sencilla, pero para nosotros lo cambió todo:
nadie tiene que fingir que está bien para no incomodar a los demás.
Un año después de la muerte de mamá regresamos a Puebla.
Tomás