LA BODEGA 108: EL SECRETO QUE DESTRUYÓ A LA FAMILIA MENDOZA

dije que mi padre estaba intentando ser un hombre más honesto.

Y le confesé que todavía había noches en las que despertaba con miedo.

Pero cada vez ocurría menos.

Cuando terminé, don Ernesto me acompañó de regreso a la oficina.

—Tu padre me pidió que te entregara una última cosa si alguna vez volvías aquí después de resolver todo aquello.

Sacó un sobre pequeño.

Mi nombre aparecía escrito en la misma letra de siempre.

Lo abrí.

Dentro había una nota.

«Santiago:

La llave de la bodega 108 nunca fue solamente