LA BODEGA 108: EL SECRETO QUE DESTRUYÓ A LA FAMILIA MENDOZA

viento.

Respiré hondo y abrí.

La habitación era más pequeña de lo que esperaba. Había un escritorio, dos archivadores metálicos y una caja fuerte empotrada en la pared.

Sobre el escritorio descansaba un libro azul.

Sentí que las piernas me fallaban.

Lo tomé.

En la cubierta aparecía el nombre de mi padre y una fecha correspondiente a seis meses antes de mi arresto.

Lo abrí.

No era un libro de cuentas corriente.

Contenía una relación de transferencias, números de facturas, fechas, nombres de proveedores y anotaciones escritas a mano.

Reconocí