LA BODEGA 108: EL SECRETO QUE DESTRUYÓ A LA FAMILIA MENDOZA

las publiques. No se las envíes a tus familiares. Y no vuelvas a la empresa.

—Mauricio estaba allí.

El abogado levantó la mirada.

—¿Te vio?

—Sí.

Ramírez cerró el libro.

—Entonces debemos actuar con rapidez y sin cometer errores.

Le conté lo de la carta, la llave y la desaparición de mi padre.

Cuando terminé, permaneció callado.

—Hay algo que nunca te dije sobre tu juicio —dijo al fin—. Tres días antes de que declararas, recibí una llamada anónima. La persona afirmó que tenía pruebas de que tu firma electrónica