LA BODEGA 108: EL SECRETO QUE DESTRUYÓ A LA FAMILIA MENDOZA

embargo, acepté escuchar el resto.

Ramírez guardó los documentos y se puso de pie.

—Tenemos suficiente para solicitar una investigación formal. No significa que todos estos documentos sean automáticamente admisibles ni que una condena anterior pueda anularse de inmediato. Pero hay indicios serios que merecen ser examinados.

Mi padre lo miró.

—¿Y Verónica?

—No vamos a advertirle antes de asegurar las pruebas.

En ese instante, el teléfono de mi padre comenzó a sonar.

Miró la pantalla y perdió el color del rostro.

El nombre que aparecía era:

MAURICIO.

Capítulo 8.