responsabilidad no eran fiables y que el proceso debe corregirse conforme a lo que se ha acreditado.
Me llevé las manos a la cara.
Había imaginado ese momento cientos de veces.
Pensaba que gritaría, que lloraría de felicidad o que saldría corriendo a contarle a todo el mundo que era inocente.
Pero no hice nada de eso.
Solo lloré.
Lloré por las noches en que había escuchado a otros internos llorar en sus celdas.
Por las cartas que nunca llegaron.
Por los cumpleaños que pasé sin mi familia.
Por los