LA BODEGA 108: EL SECRETO QUE DESTRUYÓ A LA FAMILIA MENDOZA

responsabilidad no eran fiables y que el proceso debe corregirse conforme a lo que se ha acreditado.

Me llevé las manos a la cara.

Había imaginado ese momento cientos de veces.

Pensaba que gritaría, que lloraría de felicidad o que saldría corriendo a contarle a todo el mundo que era inocente.

Pero no hice nada de eso.

Solo lloré.

Lloré por las noches en que había escuchado a otros internos llorar en sus celdas.

Por las cartas que nunca llegaron.

Por los cumpleaños que pasé sin mi familia.

Por los