Mi nuera me llamó bru-ja en alemán durante su boda. Creyó que yo era solo un ama de casa hasta que preguntó por la escritura

con sospecha.

—¿Qué quieres?

—Nada.

—Entonces estoy preocupada.

Se rio.

Después se puso seria.

—Vanessa lleva meses hablando así de ti.

Sentí que el cansancio desaparecía.

—¿Qué?

Clara miró alrededor para asegurarse de que nadie escuchara.

—No tan directamente.

—Habla.

—Siempre pregunta por qué papá te deja decidir cosas.

Fruncí el ceño.

—¿Me deja?

—Exacto.

Clara hizo una mueca.

—Una vez dijo que cuando estuviera casada con Lucas no pensaba convertirse en una esposa “decorativa como tú”.

No me dolió la palabra decorativa.

Me dolió otra cosa.

—¿Por qué nunca