Mi nuera me llamó bru-ja en alemán durante su boda. Creyó que yo era solo un ama de casa hasta que preguntó por la escritura

sentir curiosidad.

Pero también es útil reconocer qué nos causa curiosidad.

Ella no volvió a preguntar.

Un mes después apareció Mónica.

Esta vez no gritó.

Llegó a casa con una caja de pasteles caros y una sonrisa.

Eso me preocupó más.

—Helena.

—Mónica.

—He pensado muchísimo en lo que ocurrió.

—Yo también.

Se sentó.

—Las familias empiezan con tropiezos.

—Algunas con insultos en alemán.

Su sonrisa sufrió.

—Vanessa era inmadura.

—Hace seis semanas.

—Está cambiando.

—Eso espero.

Richard apareció, saludó y continuó hacia su estudio.

Mónica lo siguió con los