se rio hasta llorar.
Aquella tarde me gustó.
No como nuera.
Como persona.
Tal vez por eso lo siguiente dolió más.
Al séptimo mes organizaron una cena para hablar del bebé.
Pensé que sería sobre nombres.
Guardería.
Hospital.
En cambio, Mónica sacó una carpeta.
Otra vez una carpeta.
Empecé a odiar las carpetas familiares.
—Queremos asegurar la estabilidad del bebé.
La miré.
—¿Quiénes somos “queremos”?
—Todos.
—Yo no sabía que quería algo.
Mónica ignoró el comentario.
Abrió un plano.
El apartamento.
Mi apartamento.
El mismo.
Habían conseguido el plano de