si eras feliz. Siempre dijiste que sí. Pero cada vez que hablábamos del futuro, tus ojos se iban a otra parte. Hoy entiendo a dónde.”
Doña Dolores reaccionó como si la vergüenza fuera culpa de Mariana.
“Esto es una falta de respeto”, dijo, avanzando entre las sillas. “Mariana, ¿cómo te atreves a presentarte así?”
Mariana abrió su bolso, sacó la invitación dorada y la levantó frente a todos.
“Usted me invitó, doña Dolores. Aquí dice que mi presencia sería muy importante.”
Los invitados comenzaron a murmurar. Un empresario de Monterrey