miró con una dignidad que hizo callar hasta al mariachi.
“No voy a casarme para salvar el apellido de nadie.”
Después se volvió hacia Mariana.
“Gracias por llegar antes de que yo cometiera el error más caro de mi vida.”
Renata caminó fuera del jardín. Su velo rozó las flores caídas como una despedida.
La boda terminó sin boda.
Pero el verdadero juicio apenas iba a comenzar.
Horas más tarde, Sebastián pidió hablar con Mariana en una sala privada de la hacienda. Los niños estaban con Nora, la mujer que