“Son míos.”
Mariana corrigió, suave pero firme:
“Son de ellos mismos. Tú eres su padre biológico. Ser su papá todavía tienes que ganártelo.”
En ese momento, la puerta se abrió de golpe.
Doña Dolores entró con un abogado de la familia y una expresión de guerra.
“Entonces hablemos de custodia.”
Y Mariana supo que la batalla más dura no había ocurrido en el altar, sino que acababa de empezar.
PARTE 3
Mariana no se movió.
Miró a doña Dolores, luego al abogado con portafolio de piel, y por último a