fin encontró las palabras correctas.”
Dolores bajó la mirada.
“Lo entiendo.”
“Mis hijos no son premio para abuelas arrepentidas. Si algún día los conoce, será despacio. Y si los mide como
me midió a mí, no los volverá a ver.”
“Acepto.”
Mariana no le creyó por completo. Pero creyó que, quizá, la vergüenza había empezado a abrirle una grieta a su orgullo.
El momento que todos recordaron llegó 6 meses después, en la inauguración oficial del centro. Vecinos, alumnos, maestros y algunos reporteros locales se reunieron en el patio. Los