lo haré.
Había algo dolorosamente familiar en aquella frase.
Apreté los labios.
—Los ricos siempre se van.
Lu Zheng dejó escapar un suspiro.
—Entonces tendré que demostrarte que no todos.
Aquella noche no pude dormir.
Al otro lado de la pared, Lu Zheng tampoco parecía descansar.
Finalmente me levanté y salí al patio.
Lo encontré mirando las estrellas.
—¿Por qué viniste realmente? —pregunté.
Esta vez no aceptaría evasivas.
Lu Zheng guardó silencio durante un buen rato.
—Hace tres años, una empresa vinculada a mi grupo participó en un proyecto de