EL DÍA QUE MI MARIDO VOLVIÓ CON SU FAMILIA MILLONARIA, PEDÍ QUE ME ENVIARAN OTRO HOMBRE… Y TERMINÉ CASÁNDOME CON ALGUIEN QUE ÉL JAMÁS SE ATREVERÍA A OFENDER

tierras sería incluida en un proyecto de desarrollo turístico y que debía presentarme para negociar su adquisición.

Leí las palabras lentamente.

Solo había aprendido a reconocer algunas desde que Yancheng me enseñó a escribir mi nombre. Lu Zheng tuvo que explicarme el resto.

—¿Quieren comprar mis campos?

—Eso parece.

—No quiero vender.

—Entonces no firmes nada.

Dos días después llegaron representantes de una empresa.

Ofrecieron una cantidad que, para cualquiera del pueblo, habría parecido una fortuna.

Yo rechacé la oferta.

Entonces comenzaron los problemas.

El canal que llevaba agua hasta