como nosotros.
Por primera vez, no bajé la mirada.
—Sí las tengo. Por eso ya no pienso quedarme callada.
Aquella noche Lu Zheng encontró algo extraño.
Los documentos del proyecto turístico incluían terrenos que jamás habían sido puestos en venta.
También contenían una autorización con mi nombre.
Y una firma.
Mi firma.
Miré aquellas letras cuidadosamente trazadas.
—Yo no escribí esto.
Lu Zheng parecía haberlo supuesto.
—Lo sé.
—¿Cómo lo sabes?
Sacó del bolsillo un papel viejo.
Era la lista de compras que yo había intentado escribir la semana anterior.