nuestra boda.
Pero envió un regalo.
Era una pequeña figura de madera: un cerdito tallado a mano, acompañado de una gallina.
Se parecían a las figuritas que habíamos comprado durante nuestro primer invierno juntos.
Las observé durante un rato.
Después las coloqué en una repisa del viejo almacén.
No las tiré.
Formaban parte de mi pasado.
Pero tampoco las llevé a nuestra nueva casa.
Nos casamos una mañana luminosa de primavera.
No hubo un banquete deslumbrante ni cientos de invitados desconocidos.
Colocamos mesas largas bajo los árboles, servimos comida preparada