En Jaca, mi marido firmó sin leer mientras sostenía a nuestra hija enferma y nuestro hijo llevaba las botas rotas. «Tu madre sabe cuidarla», dijo antes de marcharse con Cristina. No lloré: guardé el convenio de divorcio y compré 3 billetes para León. En la carpeta quedaba otra firma que él tampoco recordaba

solicitudes de trabajo, informes médicos y comunicaciones con una abogada.

Pero también había algo inesperado.

Una conversación de Cristina con Lucía, conservada mediante capturas de pantalla.

Cristina le había escrito:

«Javier necesita tranquilidad. Si fueras mejor esposa, no tendría que buscarla conmigo».

Lucía respondió:

«Mis hijos necesitan comida y calefacción. No estoy compitiendo contigo».

Cristina contestó:

«Él ya ha elegido a quién proteger».

Javier siguió leyendo hasta llegar al último mensaje.

Cristina había confesado que llevaba meses exagerando sus dificultades económicas para conseguir que Javier pasara más tiempo con ella.