en una cama hospitalaria, abrazada a un pequeño conejo de peluche.
En otra, Hugo estaba sentado junto a ella, sujetándole la mano.
Parecían mucho más pequeños de lo que Javier recordaba.
—Quiero verla —susurró.
—Podremos organizarlo cuando los médicos y Lucía consideren que es adecuado.
—Soy su padre.
—Entonces empiece a comportarse como el padre que necesitan, no como el oficial que está acostumbrado a dar órdenes.
Javier salió del despacho sin discutir.
Era la primera vez en años que alguien le hablaba con tanta firmeza sin que él intentara