En Jaca, mi marido firmó sin leer mientras sostenía a nuestra hija enferma y nuestro hijo llevaba las botas rotas. «Tu madre sabe cuidarla», dijo antes de marcharse con Cristina. No lloré: guardé el convenio de divorcio y compré 3 billetes para León. En la carpeta quedaba otra firma que él tampoco recordaba

imponerse.

Esa misma tarde recibió un mensaje de Lucía.

«Martina está mejor. Los médicos creen que pronto podrá volver a casa. Hugo está conmigo. No necesitas preocuparte por dónde vamos a dormir».

Javier leyó aquellas palabras repetidamente.

Quiso responder que jamás dejaría de preocuparse por ellos.

Pero comprendió que hasta entonces se había preocupado demasiado poco.

Escribió:

«Gracias por informarme. Siento no haber estado cuando me necesitabais».

Lucía no respondió.

No tenía por qué hacerlo.

Mientras tanto, Cristina continuaba llamándolo.

Al regresar a Jaca, Javier aceptó verla en una cafetería