En Jaca, mi marido firmó sin leer mientras sostenía a nuestra hija enferma y nuestro hijo llevaba las botas rotas. «Tu madre sabe cuidarla», dijo antes de marcharse con Cristina. No lloré: guardé el convenio de divorcio y compré 3 billetes para León. En la carpeta quedaba otra firma que él tampoco recordaba

cercana al cuartel.

Ella apareció con su elegante abrigo azul.

—Por fin —dijo—. Estaba preocupadísima. ¿Cómo están los niños?

—Martina estuvo ingresada. Ya se encuentra mejor.

Cristina suspiró.

—Menos mal. Ahora podrás tranquilizarte. Lucía siempre ha sabido dramatizar.

Javier depositó su teléfono sobre la mesa.

En la pantalla aparecían las capturas de sus mensajes.

—¿Por qué le …

escribiste esto?

Cristina perdió la sonrisa.

—Estaba enfadada. No significaba nada.

—Le dijiste que yo te había elegido.

—Porque siempre acudías cuando te necesitaba.

—También le advertiste que perjudicarías mi carrera si seguía