cercana al cuartel.
Ella apareció con su elegante abrigo azul.
—Por fin —dijo—. Estaba preocupadísima. ¿Cómo están los niños?
—Martina estuvo ingresada. Ya se encuentra mejor.
Cristina suspiró.
—Menos mal. Ahora podrás tranquilizarte. Lucía siempre ha sabido dramatizar.
Javier depositó su teléfono sobre la mesa.
En la pantalla aparecían las capturas de sus mensajes.
—¿Por qué le …
escribiste esto?
Cristina perdió la sonrisa.
—Estaba enfadada. No significaba nada.
—Le dijiste que yo te había elegido.
—Porque siempre acudías cuando te necesitaba.
—También le advertiste que perjudicarías mi carrera si seguía