En Jaca, mi marido firmó sin leer mientras sostenía a nuestra hija enferma y nuestro hijo llevaba las botas rotas. «Tu madre sabe cuidarla», dijo antes de marcharse con Cristina. No lloré: guardé el convenio de divorcio y compré 3 billetes para León. En la carpeta quedaba otra firma que él tampoco recordaba

reclamando ayuda para los niños.

Cristina miró hacia la ventana.

—No soportaba que se quejara continuamente de ti.

Javier respiró profundamente.

—¿Era verdad que no podías pagar tus facturas?

Cristina tardó demasiado en responder.

Finalmente admitió que había exagerado sus dificultades. Recibía ingresos de un apartamento alquilado en Zaragoza y su situación era mucho más cómoda de lo que había dado a entender.

—Solo quería que alguien se preocupara por mí —confesó.

Javier sintió una mezcla de indignación y vergüenza.

—Mientras tú fingías que no podías pagar la calefacción, mis