En Jaca, mi marido firmó sin leer mientras sostenía a nuestra hija enferma y nuestro hijo llevaba las botas rotas. «Tu madre sabe cuidarla», dijo antes de marcharse con Cristina. No lloré: guardé el convenio de divorcio y compré 3 billetes para León. En la carpeta quedaba otra firma que él tampoco recordaba

Lucía llevaba un abrigo desgastado y una bufanda granate. Sostenía a Martina, dormida contra su pecho, mientras su hijo Hugo se agarraba a su mano.

—Necesito que firmes estos documentos —dijo ella.

—¿Otra vez papeleo?

—Son los trámites para reorganizar nuestra situación familiar.

Javier ni siquiera levantó la mirada.

—Déjalos aquí.

Lucía señaló las páginas correspondientes.

Entre los documentos había una propuesta de convenio regulador de divorcio, preparada por su abogada. La firma todavía tendría que ratificarse judicialmente, pero demostraba que Javier había aceptado un acuerdo que llevaba meses negándose