muebles antiguos y una cocina estrecha.
Pero estaba limpio, era acogedor y funcionaban todos los radiadores.
La primera noche, Hugo se levantó 3 veces para comprobar que seguían calientes.
—Mamá, ¿no se va a acabar? —preguntó.
—No, cariño.
—¿Y podemos dormir sin abrigo?
Lucía lo abrazó.
—Aquí siempre podréis dormir sin abrigo.
Hugo sonrió y regresó a su cama.
Cuando los niños se quedaron dormidos, Lucía entró en la cocina.
Abrió el frigorífico.
Había leche, huevos, fruta, yogures y comida para varios días.
Se sentó en una silla y comenzó