En Jaca, mi marido firmó sin leer mientras sostenía a nuestra hija enferma y nuestro hijo llevaba las botas rotas. «Tu madre sabe cuidarla», dijo antes de marcharse con Cristina. No lloré: guardé el convenio de divorcio y compré 3 billetes para León. En la carpeta quedaba otra firma que él tampoco recordaba

muebles antiguos y una cocina estrecha.

Pero estaba limpio, era acogedor y funcionaban todos los radiadores.

La primera noche, Hugo se levantó 3 veces para comprobar que seguían calientes.

—Mamá, ¿no se va a acabar? —preguntó.

—No, cariño.

—¿Y podemos dormir sin abrigo?

Lucía lo abrazó.

—Aquí siempre podréis dormir sin abrigo.

Hugo sonrió y regresó a su cama.

Cuando los niños se quedaron dormidos, Lucía entró en la cocina.

Abrió el frigorífico.

Había leche, huevos, fruta, yogures y comida para varios días.

Se sentó en una silla y comenzó