En Jaca, mi marido firmó sin leer mientras sostenía a nuestra hija enferma y nuestro hijo llevaba las botas rotas. «Tu madre sabe cuidarla», dijo antes de marcharse con Cristina. No lloré: guardé el convenio de divorcio y compré 3 billetes para León. En la carpeta quedaba otra firma que él tampoco recordaba

tarde regresó a casa y encontró la bufanda que había comprado para ella durante las Navidades.

La había dejado olvidada sobre una silla.

Javier la guardó en una caja junto a las facturas de aquel invierno.

No quería conservarla por nostalgia.

Quería recordar cuánto le había costado a su familia un regalo aparentemente insignificante.

En León, Lucía comenzó una vida que nunca habría imaginado posible.

Mercedes consiguió que se alojaran temporalmente en un piso situado encima de una panadería del barrio de San Mamés.

El apartamento tenía 54 metros cuadrados,