En Jaca, mi marido firmó sin leer mientras sostenía a nuestra hija enferma y nuestro hijo llevaba las botas rotas. «Tu madre sabe cuidarla», dijo antes de marcharse con Cristina. No lloré: guardé el convenio de divorcio y compré 3 billetes para León. En la carpeta quedaba otra firma que él tampoco recordaba

de Lengua Castellana.

La incorporación sería inmediata.

Lucía aceptó con la voz temblorosa.

El primer día se detuvo delante del aula, escuchando las conversaciones de los alumnos.

Hacía 6 años que no daba clase.

Durante su matrimonio, Javier había repetido que su profesión podía esperar, porque el sueldo verdaderamente importante era el suyo.

Pero cuando Lucía escribió su nombre en la pizarra, sintió que recuperaba algo que nadie tenía derecho a quitarle.

—Buenos días. Soy Lucía Serrano, vuestra nueva profesora.

Los alumnos respondieron al saludo.

Y por primera vez en