En Jaca, mi marido firmó sin leer mientras sostenía a nuestra hija enferma y nuestro hijo llevaba las botas rotas. «Tu madre sabe cuidarla», dijo antes de marcharse con Cristina. No lloré: guardé el convenio de divorcio y compré 3 billetes para León. En la carpeta quedaba otra firma que él tampoco recordaba

mucho tiempo, Lucía volvió a sentirse orgullosa de sí misma.

Con su primer sueldo compró botas nuevas para Hugo, un abrigo para Martina y una pequeña lámpara para la habitación de los niños.

Después pagó algunas deudas pendientes.

No le sobró demasiado.

Pero aquella noche durmió tranquila.

Ya no necesitaba esperar a que Javier decidiera si sus hijos merecían algo.

La primera videollamada familiar se celebró semanas después, cuando Martina se había recuperado completamente.

Javier apareció en la pantalla con aspecto cansado.

—¡Papá! —gritó la niña.

Él sonrió emocionado.

—Hola,