En Jaca, mi marido firmó sin leer mientras sostenía a nuestra hija enferma y nuestro hijo llevaba las botas rotas. «Tu madre sabe cuidarla», dijo antes de marcharse con Cristina. No lloré: guardé el convenio de divorcio y compré 3 billetes para León. En la carpeta quedaba otra firma que él tampoco recordaba

princesa.

—Tengo una cama nueva y un dibujo de un gato.

—¿Me lo enseñas?

Martina corrió a buscarlo.

Javier observó el salón del pequeño apartamento.

Había juguetes sobre una alfombra, dibujos pegados en la pared y un radiador encendido.

Parecía un hogar.

Un hogar del que él ya no formaba parte.

Cuando Martina terminó de hablar, Lucía llamó a Hugo.

El niño se acercó despacio.

—Hola, papá.

—Hola, campeón. ¿Cómo estás?

—Bien.

—¿Te gusta tu nuevo colegio?

—Sí.

Javier respiró profundamente.

—Te echo mucho de menos.

Hugo guardó silencio.

Después