En Jaca, mi marido firmó sin leer mientras sostenía a nuestra hija enferma y nuestro hijo llevaba las botas rotas. «Tu madre sabe cuidarla», dijo antes de marcharse con Cristina. No lloré: guardé el convenio de divorcio y compré 3 billetes para León. En la carpeta quedaba otra firma que él tampoco recordaba

formuló una pregunta que su padre nunca olvidaría.

—¿Por qué cuando Cristina necesitaba algo siempre ibas, pero cuando nosotros te necesitábamos estabas cansado?

Javier cerró los ojos.

No había ninguna explicación que pudiera cambiar lo sucedido.

—Porque fui injusto contigo, hijo.

Hugo parecía sorprendido.

—¿Y ahora ya no quieres más a Cristina que a nosotros?

—Nunca debí hacerte sentir que tenías que competir con nadie por mi cariño.

El niño miró hacia Lucía.

Ella no intervino.

—Mamá dice que querer a alguien también es cuidarlo —añadió Hugo.

Javier tragó saliva.